1. Apaga la luz del techo
Nada aplana tanto un salón como una sola lámpara en el centro del techo. Ilumina el paso por la habitación, deja los rincones a oscuras y proyecta sombras duras en las caras. El diseñador neoyorquino Andrew Suvalsky lo resume bien: unas pocas fuentes bajas y cálidas dan a una habitación la profundidad que no consigue una sola luz cenital. La consultora de iluminación Lighting by Plum va más allá e ilumina los bordes de la habitación en lugar del centro, porque es ahí donde están las paredes, las estanterías y los cuadros.
En la práctica, eso significa dos o tres lámparas a distintas alturas: una de pie junto a una butaca, otra a la altura de la mesa y una luz baja en una estantería o en el suelo. La TMM, diseñada por Miguel Milá en 1961, mide 166 cm y su pantalla de pergamino sube y baja por el fuste, así que su luz puede quedar a la altura del hombro junto a un sofá o más arriba en un rincón. La Cesta, de 57 cm, funciona en el suelo o sobre una mesa baja, y su regulador de mano la deja en un leve resplandor a medida que avanza la noche.